Doble moral cubana

tijeras 600 Doble moral cubanaComo ya viene siendo una tendencia en mí (supongo que por defecto profesional), cada cierto tiempo me hago eco de noticias relacionadas con la censura o con la privación de derechos fundamentales como son la libertad de expresión y de la libertad de prensa.

Cuba acogió la semana pasada la XIV cumbre de la MNOAL  (Movimiento de Países No Alineados). Tras la clausura, existen opiniones distintas sobre el resultado: para unos, es un éxito. Para otros, fue insuficiente. En cualquier caso, Cuba hablará hoy en la ONU como representante de los 118 que componen el NOAL.

En la cumbre, Cuba se comprometió a vigilar el respeto de los derechos humanos y las libertades públicas en los países que componen el MNOAL.  Curioso. Precisamente Cuba es uno de los primeros en vulnerar estas libertades.

Fabio Petro Llorente y Miguel Galván Gutiérrez, son sólo dos ejemplos. Reporteros Sin Fronteras (RSF), denuncia el caso de estos dos periodistas detenidos en 2003 y en 2004 que, a fecha de hoy, siguen en la cárcel por ejercer esa supuesta “libertad de expresión”.

Además, desde la página web de la organización, recogen firmas para solicitar su excarcelación.

Si quieres saber de qué se les acusa…

Fabio Petro Llorente, detenido en marzo de 2003, en la oleada de represión sin precedente puesta en marcha por el gobierno cubano, y condenado a 20 años de cárcel por “atentado a la independencia y la integridad territorial del Estado cubano”.

Comenzó a trabajar como periodista en 1997, en la agencia Habana Press. Los dos últimos años anteriores a su detención ejerció su trabajo como independiente y fundó la Agencia de prensa independiente de la Isla de Pinos (o Isla de la Juventud), lugar del que procede.

Fabio Prieto Llorente se encuentra actualmente internado en la cárcel Kilo 8 de Camagüey (Este), a más de 600 kilómetros de Isla de la Juventud, donde reside su familia. Frecuentemente le encierran en el calabozo y, desde el comienzo de su internamiento, ha emprendido varias huelgas de hambre para protestar por sus condiciones de detención. Así, denuncia los malos tratos, la mala alimentación y la imposibilidad de pasear y salir al aire libre durante varios días.

Desde el inicio del año 2005, el estado de salud del periodista ha ido empeorando. Tiene muchas dolencias, para las que no recibe tratamiento alguno. El deterioro de sus condiciones de detención, la humedad de la celda y la falta de la más mínima higiene, hacen temer por su vida.

Miguel Galván Gutiérrez, fue detenido en marzo de 2004, durante la oleada de represión sin precedente puesta en marcha por el gobierno cubano, y condenado a 26 años de cárcel, tras considerársele culpable de ser un “mercenario al servicio de una potencia extranjera”.

Cuando se celebró el juicio, más de 100 agentes de seguridad rodearon el tribunal, para evitar cualquier manifestación de la disidencia. Se rechazó la atenuante del estado físico del periodista (su invalidez como consecuencia de una operación en la mano y el brazo derechos), con la excusa de que si Miguel Galván Gutiérrez podía trabajar por los derechos humanos era apto para ir a la cárcel.

Ingeniero, en posesión de varias licenciaturas de tercer ciclo, Miguel Galván Gutiérrez se acercó al Colegio de Ingenieros y Arquitectos, organización independiente, tras perder el empleo a causa de sus ideas políticas, en 1999. Fue presidente de la organización hasta febrero de 2002. Paralelamente trabajaba como periodista independiente para la agencia Habana Press, una de las diez agencias de prensa que pertenecen al grupo Nueva Prensa Cubana.

El periodista se encuentra actualmente internado en la cárcel de Agüica, en la provincia de Matanzas, a 98 kilómetros de la capital. Está muy débil a causa de las frecuentes huelgas de hambre iniciadas para protestar por sus condiciones de detención, así como por las “estancias” en “celda de aislamiento”, que van dirigidas a castigarle por “insolencia” o “resistencia”. Entre otras cosas tiene fiebres muy altas, dolores en las articulaciones y problemas urinarios, y no recibe los tratamientos necesarios.

Miguel Galván Gutiérrez también padece la presión de las autoridades carcelarias, que con frecuencia le amenazan con trasladarle a una cárcel a más de 800 kilómetros de su domicilio, o con privarle de las visitas familiares y las comunicaciones telefónicas, ya muy escasas, a que tiene derecho.

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