Finalmente, y gracias al seguro médico que me pone la empresa, encontré un traumatólogo decente que me revisara la contractura de trapecio. Éste me hizo las correspondientes pruebas médicas (radiografías, etc) para descartar que fuera un problema de la columna, y concluyó en que era un de origen ”postural”.
Ya sabía yo eso. Mesa de oficina + ratón = contractura postural. El traumatólogo me pasó al fisioterapeuta para que me hicieran una rehabilitación.
Diez días seguidos, colgada 10 minutos por el cuello. Me sientan en una silla y me ponen una especie de cabestrillo para apoyar la barbilla. Me estiran hacia arriba de modo que “cuelgo” toda la espalda y, al mismo tiempo, me dan calor en la zona cervical. (Tracción Cervical, se llama).
La estampa es bastante patética porque la maquinita está en medio del pasillo y la gente va pasando de un sitio a otro mientras estás colgada, con los mofletes chafados y comprimidos hacia arriba.
Afortunadamente, la rehabilitación la he terminado hoy. Aún no noto los efectos y espero que empiece a ser efectiva en breve. Lo malo es que ya me había hecho coleguita de los jubiliados que compartían sala conmigo: el señor Manolo, con problemas de espalda, la señora Saturnina, que se ha roto la rótula..
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