Como sabéis, este verano estuve en Vietnam y en Camboya. No publiqué muchas fotos porque, no me hubiera podido decidir sólo por unas cuantas…
No sé si sabéis que, ahora mismo, hay un tifón de nombre “Ketsana” arrasando el sureste de Asia. Desde Filipinas, ha llegado ya a Vietnam y a Camboya, donde ha dejado, por lo pronto 43 muertos, varios desaparecidos, decenas de pesqueros hundidos y 200.000 casas dañadas.
Una de las ciudades que ha arrasado es Hoi An, una ciudad que figura como Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, donde el transporte está restringido a embarcaciones.
Estas son algunas de las fotos que tomé en Hoi An este verano.

En Hoi An la gente se dedica a la pesca o bien a la costura. Hay muchisimas tiendas donde hacerte ropas a medidad. Es el paraíso de la ropa de seda.
El día que fuimos a esta playa, estuvimos completamente solas. El agua era transparente y la arena blanquísima. Fue un momento paradisíaco.

Los asiáticos son tremendamente educados y serviciales. Las camareras de nuestro hotel iban vestidas siempre impecables.

En Hoi An cogimos un barco para ir a hacer snorkel, muy cerca de la isla de Chan. En esta isla, hay un generador que proporciona electricidad durante 4 horas al día. Como consecuencia, no hay luz eléctrica ni otra forma para conservar el pescado que no sea salándolo.

Durante la Guerra del Vietnam, muchos vietnamitas intentaron huir del país en estos “barcos”. Son como una cáscara de nuez y se usan para pescar. Por supuesto, la gran mayoría murieron ahogados en alta mar.
En el pueblo se respira un aire encantador a pasado… es una ciudadela pequeña, llena de tiendas artesanales y de callecitas estrechas.

Incluso hay un pequeño puente cubiero, de origen japonés, que data de 1590 y que tiene su propia leyenda.

Por la noche, todo el pueblo está lleno de linternas de colores. Las cuelgan por los árboles, por las ventanas, etc. Además, hay muchísimas tiendecitas donde las venden.

Este señor fue nuestro guía el día que fuimos a navegar. Es italiano y hablaba un español perfecto. Se portó como un padrazo (su hija, de nuestra edad, vive en España) y nos dio muchísimos consejos y explicaciones sobre los vietnamitas.
Una de las cosas que nos contó es que, al mes de instalarse en Hoi An, vivió su primera inundación. Dijo que, lo peor de esto, no es el agua que moja todo sino el barro que queda después, que deja inservible absolutamente todo. Nos contó que su colchón estuvo 4 meses colgado en espera de secarse.
Nos contó que las inundaciones son habituales allí en temporada de lluvias. En las noticias he leído que no se había vivido una crecida como ésta desde 1964.
Espero que él, mi costurera Kim, nuestro masajista sonrojado, la chica que me hizo mil veces la manicura porque soy nefasta y todos los locales que tan insufriblemente amables fueron con nosotras, estén bien… y también sus negocios.
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